martes, 24 de febrero de 2015

9. - EN EL MANICOMIO.



                                       - 9 -

                           En  el  Manicomio


                                                             






                 ..no hay ninguna sociedad ni relación humana que pueda ser  placentera y estable sin mi..." (dice La Locura). 
                                                                                                   
                                 Erasmo de Rotterdam


    Siempre que puedo, vuelvo al Psiquiátrico, el día de la Fiesta del Enfermo.
   Disfruto en el partido de futbol, la comida extraordinaria, la música regional y el contacto con los enfermos y sus familias.
    Desde allí, se ve a lo lejos un mundo diferente; una realidad que no conocen los  externos, obsesionados con trivialidades que consideran trascendentales; donde los habitantes de grandes ciudades se mueven  alocadamente, corriendo frenéticos, en busca de algo, que no parecen encontrar.  Viven la fantasía que han creado, como si fueran los reyes del Universo, sin percatarse que son solo seres diminutos; puntos casi imperceptibles, que como millones de otros se han ido. Es una sociedad inquieta y precipitada, impaciente por buscar algo que pretende conseguir, creyendo en su fantasía que van a alcanzar todo lo que pudieran  imaginar, sin tener en cuenta que solo llegarán a vivir un centenar de años.
  En el Sanatorio se vive otra realidad. Allí esta un Fidel Castro sin revoluciones, una Ava Gardner sin maquillajes, un Hernán Cortes pacificador, pero no el clásico Napoleón que solo tiene significado para los enfermos de Francia. Sin embargo, nos encontraremos con Marilyn, Einstein o Yul Brinner, y unos: Fraga, Felipe o Zapatero, capaces de resolver todos los problemas de la Nación, y a muchos de los santos mas populares.   
 Aquella tarde, después de una opípara comida, paseaba el capellán con  Gumersindo, que se sabia Cicerón (no en vano mostraba orgulloso una verruga en la nariz), cuando se les aproximaba un rustico y sencillo  aldeano. Era el Espíritu santo.
 Solemne, interrumpe la perorata  política, para advertir a D. Ramón, el capellán: " ha de ponerse firme y saludarle con consideración y respeto, que se nos acerca su Jefe".
   Se cruzaron y saludaron, a lo que un Espíritu santo mayestático, no respondió. Inmediatamente volvió Sindo a su largo discurso, que concluyó, cuando con énfasis proclamó: ¡Hasta cuando seguirán abusando de nuestra paciencia!, malgastando y malversando sin control, en lugar de tener el sentido común, ahora que somos los EE.UU. de Europa, de crear polígonos industriales en las zonas donde hay paro y esta la gente sin trabajo, y no permitir ampliar o abrir nuevas fabricas en lugares de la Unión europea (todavía Naciones, como Alemania), donde se concentran los complejos industriales,  y todo  el mundo tiene trabajo.
 De vuelta a los alojamientos, me pide que lo acompañe a su habitación.  Entramos y como fascinado, inmediatamente pega el oído a la pared. Escucha. Pide que haga lo mismo y obedezco. Me pregunta que oigo. Tengo que decirle, que no oigo nada.
 Satisfecho  me responde: - Efectivamente, ¿quien puede decir que estoy loco y que no soy normal?. Yo por mucho que me esfuerzo a diario, con el oído constantemente pegado a la pared, "tampoco oigo nada".
                                          =====
    No es el Sanatorio un lugar agradable para vivir, pero no deja de ser útil, saber que  allí, alguien como Gumersindo, sigue pensando en buscar soluciones para el restablecimiento de la Utopia;   la Arcadia de un mundo feliz, sin guerras, egoísmo, violencia, ni revoluciones, y  alcanzar a el desarrollo, progreso y florecimiento de la especie humana.



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